William Coley, precursor de la inmunoterapia

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William Coley, precursor de la inmunoterapia

Dos medicamentos para combatir el cáncer que se basan en la inmunoterapia y que ya se comercializan, han cosechado resultados esperanzadores, lo que alienta a los científicos a seguir desarrollando el potencial del sistema inmune para combatir este mal.

Yervoy de Bristol-Myers Squibb ha sido alabado como un gran avance contra el melanoma desde su aprobación el año pasado, mientras que Provenge de Dendreon, una vacuna contra el cáncer de próstata, ha sido menos exitosa por ser una terapia de difícil administración que lleva dos años en el mercado.

Ambos son considerados precursores de un tratamiento revolucionario que podría obtener una cuota significativa del mercado global para fármacos oncológicos, alcanzando los 75 mil millones de dólares en el 2015, según IMS Health.

Decenas de nuevas vacunas de inmunoterapia y otros modificadores del sistema inmune están siendo probados para una variedad de tipos de cáncer.

Hemos entrado en una nueva era en la que las terapias inmunes pueden ser reconocidas como un componente importante del tratamiento contra el cáncer", ha expresado el doctor Glenn Dranoff, codirector del Centro de Vacunación contra el Cáncer Dana-Farber en Boston.

Entre los tratamientos esperados está una vacuna contra el cáncer de próstata de la danesa Bavarian Nordic, una vacuna contra el cáncer de pulmón de GlaxoSmithKline y una contra el melanoma de Amgen.

El concepto de usar el sistema inmunológico contra el cáncer se remonta a la década de 1890 cuando el doctor William Coley asistió apesadumbrado a la muerte de su primer paciente con sarcoma (un tipo de cáncer). Investigando sobre el tema, el cirujano estadounidense leyó algo acerca de la misteriosa curación de un paciente con el mismo tumor tras haber sufrido una infección en la piel. Buscó al tipo y descubrió con sorpresa que seguía con vida siete años después. Aquel caso le hizo pensar que el sistema defensivo que ataca a las bacterias también debía jugar un papel contra el cáncer. Esa idea, bautizada como inmunoterapia, ha sido elegida -más de un siglo después- hito médico del año por la revista Science.

Según relata Nature en un artículo dedicado a Coley y la inmunoterapia, el aventurado cirujano no tardó en probar a infectar con distintos tipos de bacterias a sus pacientes con cáncer para lograr una reacción inmune suficiente para acabar con el cáncer. Durante cuatro décadas, Coley trató a cientos de pacientes con cáncer con unas rudimentarias vacunas a base de bacterias que él mismo diseñaba (algunas, por ejemplo, las atenuaba previamente con calor para controlar la infección que les causaba a los sujetos).

Incluso para los estándares actuales, la revista subraya que sus logros eran "remarcables", con supervivencias cercanas a los 10 años, no sólo para sarcomas, sino también para tumores de ovario y riñón. "En comparación con pacientes contemporáneos, lo que hacía era incluso mejor a lo que logramos hoy en día", reconoce Charlie Starnes, investigador de la biotecnológica Amgen.

No habrá tardado el lector en preguntarse por qué han pasado 100 años para que se haya reconocido el mérito de aquel hombre, ni por qué no se usan bacterias contra el cáncer en la actualidad. Como prosigue Nature en su relato, no todos los casos de Coley tenían éxito, y no todos sus colegas eran capaces de replicar sus resultados, por lo que no tardaron en llegar técnicas mucho más estandarizadas, como la quimioterapia y la radioterapia, que pronto desplazaron del panorama a las vacunas bacterianas de Coley.