Objetivo Filipinas

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Objetivo Filipinas

Los conflictos territoriales con Portugal y los repetidos fracasos españoles en hallar la ruta de regreso de las islas de Poniente al virreinato de Nueva España retrasaron la colonización de Filipinas, descubierto por Magallanes en 1521. El intento definitivo se produjo en 1564, con la expedición al mando de Miguel López de Legazpi. Al éxito de la empresa contribuyó, sin duda, la pericia de Andrés de Urdaneta, que descubrió la llamada vuelta de Poniente

Aunque el tratado de Zaragoza de 1529 dejó a Portugal la explotación de las islas Molucas, la corona española no dejó de intentar asentarse en la región. El principal interés se centró en las Filipinas, por su situación privilegiada entre el océano Pacífico, el mar de China y el de las Célebes, lo que era un punto ideal respecto a los mercados asiáticos y sus rutas de comercio. Sin embargo, los planes de colonización se veían obstaculizados por la ausencia de una ruta que permitiera establecer una ruta que abasteciera a la futura colonia con regularidad desde la colonia de Nueva España y asegurara su permanencia. Tras la desgraciada expedición de Ruy López de Villalobos (1542-1545), con dos intentos fracasados de tornaviaje, la Corona decidió abandonar la empresa. Su amarga experiencia quedó plasmada en este fragmento de una carta enviada por él al virrey:

…ninguna tierra de cuantas hemos visto, cumplía a su señoría poblallas ni hacer más gastos por estas partes; y ansi mi parescer mas determinado, […], era que no gastase mas tiempo y hacienda, si no fuese para inviar por nosotros, porque no le convenía ninguna cosa destas partes …

Mapa de Blaeu de las Molucas, que apareció por primera vez en 1630 en el Atlantis Appendix.

Lo cierto es que la conquista de Filipinas no volvió a plantearse hasta unos años después de la coronación de Felipe II. El proyecto surgió del virrey de Nueva España Luis de Velasco, quien aseguró al rey que tenía al hombre adecuado para esa misión: el fraile agustino Andrés de Urdaneta (1508-1568), antiguo navegante y veterano de las guerras del Maluco. Posiblemente era quien mejor conocía mejor esos mares. A los 17 años, Urdaneta había embarcado en una de las naves de la expedición de frey García Jofre de Loaísa (1525-1527) con destino a las Molucas. Allí participó en las luchas con los portugueses por el dominio de esas islas y no regresó a la Península hasta 1536. Cuando en 1559 recibió la propuesta del monarca, Urdaneta se había retirado del mundo en el convento de San Agustín de México. Aunque quienes le conocían le habían oído afirmar en mas de una ocasión que “el haría volver no una nave sino una carreta”. No obstante, como experto cosmógrafo, el religioso sabía que el archipiélago filipino caía dentro de la línea de demarcación de Portugal, y así se lo indicó a Felipe II. En su opinión era mejor establecer la futura colonia en Nueva Guinea, cuya costa norte hacía sido explorada por Iñigo Ortiz de Retes en 1545.

La muerte del virrey retrasó los preparativos del viaje hasta 1564, y Urdaneta fue el encargado de supervisarlos, si bien el mando de la expedición recayó en manos del vasco Miguel López de Legazpi, que había tenido diversos cargos en la administración colonial. Las 4 naves, con una dotación de 380 hombres, zarparon el 21 de noviembre del puerto mexicano de la Navidad. Sin embargo, para evitar las reticencias de Urdaneta y de otros miembros de la tripulación, el destino final de la flota no se supo hasta que días más tarde se abrió el sobre lacrado con las instrucciones. En ellas se especificaba un doble objetivo: tomar posesión de Filipinas y hallar la ruta de retorno.

Andrés de Urdaneta

El viaje de ida se desarrolló sin más incidentes que la pérdida de uno de los barcos el 29 de noviembre. Posteriormente se sabría que, tras 8 meses de navegación, la nave logró alcanzar la costa mexicana. Las otras 3 naves siguieron su viaje hacia el oeste hasta recalar, el 22 de enero, en la isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas. Algunos pilotos creían hallarse ya en Filipinas, pero el fraile, que conocía bien aquellas islas y pudo entenderse con los nativos en la lengua chamorra, sabía que se trataba de una de las islas a las que Magallanes denominó de los Ladrones. El apelativo quedó probado de nuevo, puesto que durante los 11 días que duró la estancia los indígenas les arrancaron los clavos de los costados de las naves y les sustrajeron cuantos objetos de hierro pudieron llevarse.

Fuerte de San Pedro. Núcleo del primer establecimiento español en las Filipinas. López de Legazpi mandó construirlo en 1565. Fue plaza fuerte de defensa y de cobijo de su población frente a los ataques de los moros. Continuó siendo cuartel durante la época de dominación americana y japonesa. Tras la guerra, llegó a ser hasta sede del zoológico. Actualmente es el Museo Nacional

A mediados de febrero la expedición se halla a las puertas de su objetivo: Filipinas, un archipiélago formado de numerosos archipiélagos y más de 7.000 islas. Al principio, pareció repetirse la misma situación que había padecido Villalobos y sus hombres, un penoso deambular de isla en isla sin conseguir que los indígenas les vendieran comida, mostrándose siempre recelosos y huidizos ante su llegada. En abril, Legazpi decidió dirigirse hacia Cebú, donde tuvo que valerse de la fuerza para fundar el primer asentamiento español, la villa de San Miguel, que se convirtió en Cuartel General de Legazpi y su tropa durante 5 años. En esa época se construyó un fuerte defensivo de planta triangular y se levantaron casas de caña de nipa, además de un templo de madera dedicado al Santo Niño.

Como estaba previsto, poco después de llegar a Cebú, Legazpi dispuso que su nieto Felipe de Salcedo y Andrés de Urdaneta zarparan en la nave capitana San Pedro e intentaran hallar el derrotero para regresar a Nueva España. La continuidad del asentamiento dependía del éxito de aquella navegación. El barco largó velas el 1 de junio de 1565 y navegó varias semanas por el complejo entramado de las islas hasta salir al Océano Pacífico por el estrecho de San Bernardino. Llegados a este punto se trataba de evitar la zona de los alisios, de modo que el agustino ordenó poner rumbo al nordeste y dio un largo rodeo hasta alcanzar la latitud de Japón y encontrar la corriente de Kuro Shio, que los empujó hacia la costa de California.

A los 130 días de abandonar Cebú, durante los cuales la tripulación sufrió lo indecible a causa del hambre, la sed y el escorbuto, el San Pedro atracaba en Acapulco. Uno de los pilotos escribió:

…cuando amaneció a primero de octubre, amanecimos sobre el puerto de Navidad, e a esta hora miré mi carta e vide que habíamos andado 1.892 leguas desde el puerto de Cebú […] me fui al capitán e le dixe que a donde mandaba que llevase el navío, e me mandó que lo llevara al puerto de Acapulco e obedecí su mando aunque en la nave no había mas de 18 hombres que pudieran trabajar porque los demás estaban enfermos e otros 16 se nos murieron…

Tal como había asegurado, Urdaneta halló la anhelada vía del tornaviaje que aseguró las comunicaciones con la incipiente colonia. En cuanto al puerto de Acapulco, por entonces no era más que una modesta rada, pero sus excepcionales cualidades portuarias (de profundidad, amplitud y abrigo), lo convirtieron en el centro del tráfico entre Filipinas y México. Poco después de la conquista de Manila empezó a funcionar con regularidad una de las rutas comerciales más célebres y perdurables del planeta, la del galeón de Manila, que con ligeras variaciones se mantuvo en vigor por 200 años. Por ella llegaban al virreinato, y posteriormente a España, las preciosas mercancías orientales, sedas, marfiles, porcelanas y espacias procedentes del mercado asiático.

Bahía de Acapulco, sus excepcionales cualidades portuarias (de profundidad, amplitud y abrigo), lo convirtieron en el centro del tráfico entre Filipinas y México

Los refuerzos, víveres y armas que Legazpi había solicitado empezaron a llegar a Cebú a partir de 1566, pero la autorización para proseguir con la conquista se hizo esperar un tiempo. Mientras tanto, en septiembre de 1568, se presentó en el puerto una potente flota portuguesa cuyo jefe intentó convencer a los españoles que abandonaran las islas. Con toda razón argumentaban que éstas se hallaban dentro del territorio que el tratado de Tordesillas y los acuerdos de Zaragoza asignaban a Portugal. Por su parte, Legazpi, que no estaba seguro de su posición, trató de ganar tiempo y al final su estrategia dio resultado. Tras dos meses de asedio e intercambio de misivas, el portugués acabó cansándose y regresó con su armada a las Molucas.

Resuelto el problema, Legazpi y el grueso de su tropa se establecieron en la vecina isla de Panay, donde el clima era más benigno y había mejor disponibilidad de alimentos. Desde allí, siguieron su expansión hacia el norte, primero a Mindoro y luego a Luzón, la mayor isla del archipiélago. El objetivo era Mayniland, un poblado musulmán fundado en el siglo anterior por miembros de la nobleza de Borneo, que por entonces ya contaba con un pequeño y próspero puerto comercial estratégicamente situado en una de las mas hermosas bahías del planeta. Manila, fundada en 1571, estaba llamada a ser la más exótica de todas las ciudades hispanas y el punto de encuentro entre Oriente y Occidente.