Teotoburgo, el bosque que se tragó a las legiones romanas

La pausa del cafe Revista cultural de entretenimiento para gente curiosa

Teotoburgo, el bosque que se tragó a las legiones romanas

Peter Janssen d. Ä., Der siegreich vordringende Hermann, 1870-1873. © Kunstmuseen Krefeld/Foto: Fotostudio Hesterbrink

En el año 9 d.c., Roma estaba en la cima de su gloria. Las conquistas militares habían consolidado sus fronteras. Bajo el gobierno de Augusto, la Pax Romana hacía vivir un momento dulce al Imperio. En Hispania se había logrado la paz tras el fin de las Guerras Cántabras, en el Mediterráneo, la armada romana patrullaba en un lago romano tras el triunfo de Augusto en la guerra civil contra Marco Aurelio con la conquista de Egipto, y en Europa, se había puesto fin a las incursiones germanas contra el territorio de la Galia tras las conquistas de Germania de Tiberio y Druso. Augusto estaba convirtiendo a Roma en una ciudad de mármol, los tesoros inundaban las arcas romanas.

Reconstrucción de la cara de Varo

Ese año 9 d.c., fue enviado como gobernador de la nueva provincia de Germania Magna, Publio Quintilio Varo, con la misión de consolidar el dominio romano de la zona, establecer el sistema impositivo romano e iniciar la romanización del territorio. Pero, ¿quién era Publio Quintilio Varo?.

Varo no era un brillante general, sin embargo, se puso al lado de Augusto durante la guerra civil romana, y eso le permitió acceder a puestos importantes como el consulado del año 13 a.c., obteniendo después el gobierno de África como procónsul y el de Siria como propretor. Allí, en Siria tuvo que sofocar un levantamiento judío, logrando una gran fortuna personal. De hecho, parece que le atraía mucho el dinero, lo que demostró en su gobierno en Germania.

Llegó allí, a Germania en el año 9 d.c. como gobernador y desde el principio imprimió un cariz muy duro. Su fortuna fue creciendo gracias a la eficaz política de recaudación de impuestos, con crucifixiones incluidas. Desde luego, la imagen que el dominio de Roma, a través de la imagen de su gobernador, Varo, era cada vez mas negativa, un caldo de cultivo ideal para la rebelión que lideró Arminio. Pero, ¿quién era Arminio?.

Arminio era miembro de la tribu querusta, hijo de su feje, Segimer, y nació en el año 16 a.c. Separado de su familia siendo un niño y trasladado a Roma para ser educado como un noble romano (política seguida por Roma con los hijos de los líderes bárbaros durante siglos para facilitar su romanización), llegó a ser un brillante comandante del ejército romano, liderando una unidad de caballería con 20 años, durante las guerras panionias en la península balcánica.

Imperio romano con la Magna Germania

Su buena imagen en Roma hizo que fuera enviado de vuelta a Germania para ayudar a Varo, pensando que los germanos aceptarían mejor el gobierno romano si un príncipe germano participaba en el. Lo cierto es que cuando Arminio llegó a Germania lo haría como un orgulloso ciudadano romano decidido a facilitar la romanización de su tierra natal. Pero algo pasó cuando Arminio llegó a su casa.

Es posible que su padre Segimer, no estuviese muy orgulloso de ver el perfecto romano en que se había convertido su hijo, o es posible que se horrorizara al ver los abusos, torturas, violaciones y las cientos de crucifixiones de gente que era de su antiguo pueblo y de pueblos vecinos por no poder pagar los fuertes impuestos que había establecido Varo. En la mente de Arminio, nació la idea de rechazo a su identidad romana.

Johannes Gehrts: Armin verabschiedet sich von Thusnelda, 1884 (Lippisches Landesmuseum Detmold)

Otro hecho importante tuvo lugar al llegar Arminio a su pueblo natal. En ese momento conoció al amor de su vida, Thusnelda, hija de uno de los lideres germanos bajo el dominio de Roma, Segestes, que odiaría a Arminio de por vida al no aprobar esta relación pues tenía el matrimonio de su hija acordado con otro líder germano. A pesar de esto Arminio se escapó con Thusnelda y se casó con ella a escondidas. Este hecho estuvo a punto de hacer fracasar la rebelión.

Arminio conocía perfectamente tanto las tácticas romanas como el inmenso poder de las legiones romanas y su capacidad de combate, así como un hecho que se repetía sucesivamente en la historia de Roma, que era su constancia. Roma había perdido numerosas batallas en su historia, pero nunca una guerra. Por eso, Arminio sabía que para triunfar la rebelión, debía obtener un triunfo completo y decisivo en una sola batalla y confiar en que convenciera a Augusto de no volver a enviar tropas a esas tierras. La estrategia debía prepararse bien. Nada de confrontaciones en campo abierto, evitando de esta manera enfrentarse al orden táctico superior de la legión, y llevar a los romanos al interior del frondoso y pantanoso bosque de Teutoburgo para entorpecer las maniobras de la caballería y la infantería.

Es en este momento, cuando la historia de amor de Arminio estuvo a punto de hacer fracasar la rebelión, cuando Segestes, padre la esposa de Arminio, se presentó ante Varo para advertirle de que Arminio le traicionaría encabezando una gran rebelión y preparando una emboscada.

“Solo hay una forma de cortar el problema -le dijo el rencoroso suegro a Varo-, detener a todos los jefes germanos que acompañan a Arminio, incluso a mí, y luego someted a tormento a tus prisioneros para que confiesen su plan”

Pero Varo conocía la historia de suegro y yerno y no creyó la historia de Segestes, y no solo se rió de él, sino que le acusó de estar calumniando a uno de sus hombres de confianza. La rebelión estaba a salvo.

Ahora sólo faltaba decidir cuando sería el ataque. Se decidió que fuera en el momento en que las legiones se trasladaran a sus cuarteles de invierno al otro lado del Rin, en la Galia, dejando sus seguros cuarteles en Germania, y teniendo que viajar junto a las legiones el personal civil, comerciantes, prostitutas, familia de los legionarios, etc, en una formación muy alargada y difícil de defender, sobre todo al entrar en los frondosos bosques alemanes..

Empieza el camino

Equipaje legionario

Varo inició la marcha con sus 3 legiones, la XVII, XVIII, XIX, seis cohortes auxiliares, tres alas de caballería germana, y todo el personal civil. En total, más de 22.000 personas. Durante la marcha, los legionarios, llevaban su escudo colgado de la espalda, protegido por una funda de cuero ya que era de madera y si llovía se deformaba la madera. Un palo en forma de T que pasaban por encima del hombro y donde llevaban el equipo estándar de cada legionario, una herramienta de construcción, una escudilla, la cantimplora con forro de plata, dos pilums, dos picas de defensa del foso y una pequeña bolsa con sus pertenencias personales.

La columna legionaria dependía de su caballería, para detectar cualquier amenaza, que se adelantaba varios kms al frente y en los laterales de las legiones, con el fin de reconocer el terreno y averiguar si un ejército estaba escondido, y poder avisar a la legión. Sin embargo, esta vez, la caballería auxiliar que debía realizar esta función de aviso, estaba compuesta por germanos a las órdenes de Arminio que se sumarían a la brutal emboscada.

La emboscada

El día se levantó complicado. Unas nubes negras cubrían el cielo y amenazaban una gran tormenta. Guiados por los exploradores bárbaros, la columna se puso en marcha. En un punto de la marcha Arminio solicitó permiso a Varo para explorar junto a su caballería germana el terreno por delante, para prevenir cualquier contraste y para traer a los aliados por una zona supuestamente segura. Pero al llegar a los puestos romanos avanzados, los atacó ayudados por sus uniformes romanos que harían que los desprevenidos romanos pensaran que eran amigos y los asesinó. Quemó los poblados y torres de vigilancia y regresó con Varo, dando la noticia de que se estaba produciendo una revuelta que debía ser sofocada antes de que fuera a más.

Bosque de Teotoburgo

Éste le hizo caso y desvió el rumbo de la marcha para sofocar la rebelión. Una vez que los romanos se dirigían a la zona de la emboscada, los germanos abandonaron la formación y se unieron a los rebeldes agazapados. La trampa había sido cuidadosamente preparada incluso cortando los árboles situados en el camino que deberían atravesar los romanos, de tal forma que éstos se quedaran de pie pero fueran fácilmente empujados sobre los romanos al pasar éstos.

La columna romana se había ido estrechando hasta formar una fila de varios kilómetros, de manera peligrosa lo que hacía muy fácil atacar en un punto y romper su formación. La ruta que Arminio preparó, llevaba a las legiones a un punto de las montañas del Teutoburgo, que está densísimamente arbolado. En ese punto en concreto, (Kalkriese) la ruta tenía que pasar por un cuello de botella con una abrupta montaña por un lado y un infranqueable río de pantanosas orillas por el otro.

Primer día

Entonces empezó el infierno. La tormenta que se había desatado convertía en terreno en un barrizal y en un momento, surgió un inmenso rugido desde dentro del bosque. Eran los germanos que lanzaron los troncos preparados contra los romanos, a lo que siguió una nube de dardos y jabalinas que Arminio había diseñado para que atravesaran los escudos romanos. Los romanos tras la sorpresa, reaccionaron y empezaron a lanzar sus armas contra los germanos, hasta que, tras un grito de guerra, los germanos se lanzaron contra los romanos en la lucha cuerpo a cuerpo.

Ataque germano

La caballería germana al mando de Arminio se lanza una y otra vez contra las legiones que debe de frenar las acometidas sin poder perseguirles luego. Así pasa el día mientras los romanos tratan de salir a un lugar abierto para reagruparse, viendo como sus bajas no paran de crecer. Los escudos, empapados de agua, resultaban casi imposibles de mantener altos, por lo que la única defensa la proporcionaban las lórigas (las armaduras que cubrían pecho y espalda). La caravana era demasiado larga para defenderla, las pesadas lanzas romanas no alcanzaban a los germanos. Toda una retahíla de esfuerzos y frustraciones. Sin embargo, la formidable formación militar y su experiencia en mil combates (algunos legionarios llevaban 20 años de servicio), jugaba a favor de los romanos, que intentaban organizar una defensa mientras seguían su pesada marcha.

Mientras proseguía el ataque, la vanguardia romana logró acotar el terreno para su fortificación y mientras iban llegando el resto de unidades, se iniciar las tareas de fortificación cavando el foso, levantando el muro, clavando las estacas para las empalizadas, montando las tiendas, etc. una vez organizada la defensa, los extenuados romanos pudieron rechazar el ataque, ensangrentados y sin saber muy bien que había pasado. Los oficiales le comunicaron a Varo que Arminio les había traicionado. Varo no se lo podía creer.

Los legionarios se prepararon para pasar la noche encerrados en su campamento, rodeados de enemigos, sobre un barrizal. Al contar las bajas del primer día, comprobaron que habían perdido 14 cohortes.

Segundo día

A la mañana siguiente Varo cambió por completo el orden de marcha para ir más agrupados y darse cobertura mutua. Los legionarios quemaron y dejaron todo lo que les ralentizara y cubrieron hasta los cencerros con vegetación para no hacer ruido y no ser descubiertos. Incluso dejaron atrás a los heridos y los civiles, incluidas las familias de los soldados, sus mujeres y sus hijos. Previsiblemente, los bárbaros se detendrían al pillaje y masacraran a todos. La decisión no debió ser fácil. Quizás pensaran que su destino no era mejor, pero era la única posibilidad de salir de esa ratonera. La estrategia tampoco sirvió de mucho porque los romanos fueron descubiertos y nuevamente atacados durante todo el día.

La prioridad de Varo y sus centuriones era entonces encontrar un terreno donde desplegar a los manípulos de manera correcta y proseguir la marcha. Sin embargo se logró un avance muy pobre. Rodeados por todas partes y sometidos a un ataque incesante, los romanos tuvieron que repetir por segunda vez la pesadilla insomne de la noche anterior.

Tercer día

El siguiente día avanzaron en un orden un poco mejor, llegando a alcanzar campo abierto no sin sufrir numerosísimas pérdidas. Pero de nuevo tuvieron que internarse en el bosque cerrado. Desde que tuvieron que formar sus líneas en espacios estrechos, en un orden en el que la caballería y la infantería juntas intentaban detener al enemigo, chocaban frecuentemente unos contra otros y contra los árboles.

Plano de la batalla en el paso de Kalkriese

Pero lo peor estaba por llegar. Arminio estaba empujando a los romanos hacia la zona de Karkriesse, un cuello de botella que tenía por un lado la colina y por el otro una zona pantanosa. Había construido en el borde de la colina una línea de fortificaciones al más puro estilo romano, con fosos, muros y empalizadas, dejando huecos para permitir a la infantería germana salir, atacar y volver a cubierto. Y las legiones tenían que atravesar por ese sitio, donde él esperaba acabar con los restos del ejército.

En ese angosto paso el ataque debió ser terrible y los romanos perdieron del todo la formación. La mayoría se dejaron matar porque debían estar sin aliento y sobre todo sin esperanza. Aún así, y como muestra de su formidable preparación, los legionarios volvieron a organizar una defensa y prepararon una fortificación para defenderse de los ataques y preparar una contraofensiva que rompiera el cerco.

Esa noche entre los gritos habituales de los atormentados entre los que no faltaron los desgarradores alaridos de los quemados vivos, (castigo usado habitualmente por los germanos contra sus prisioneros) los romanos debieron llegar a la convicción de que si al día siguiente no se abrían paso, ni uno sólo de ellos saldría vivo de ese de ese enloquecedor y lúgubre bosque.

Sin embargo los legionarios ya habían llegado al límite de sus fuerzas; después de 3 agotadores días de combate llenos de sangre, terror y muerte, y tres noches de no haber dormido, la desesperación se apoderó definitivamente de estas tropas. En el stress de la batalla se dieron cuenta por la incesante llegada de enemigos, que esta vez luchaban contra toda la nación sublevada. Los germanos muy probablemente habrían enviado a las tribus indecisas toda clase de trofeos y miembros mutilados, instándolos a que se unan a la aniquilación de sus rivales por lo que cada vez eras más numerosos.

El comandante de la caballería Vala Numonio entró en pánico, y abandonó el campo de batalla con algunos hombres, excusándose en ir a buscar ayuda, sin embargo fueron alcanzados, acorralados, y destrozados. Paterculo cuenta en Historia romana:

“Vala Numonio dio un grave ejemplo de cobardía al abandonar a la infantería y huir tratando de alcanzar el Rhin con sus escuadrones de caballería. Sin embargo la fortuna vengó este acto, porque no sobrevivió a aquellos a quienes había abandonado, muriendo en pleno acto de deserción”.

Cuarto día

Una lluvia constante y feroz, acompañada de lo que parecen ser una racha de vientos casi huracanados se abatieron sobre el ensangrentado campo de batalla. La hora decisiva había llegado.

Asalto final

Varo y sus soldados decidieron realizar un último ataque desesperado que rompiera el cerco bárbaro o morirían allí mismo. Muchos soldados antes del asalto decidieron enterrar su salario y otros bienes, en lugares donde después pudieran recuperarlos. Los recuperarían los arqueólogos casi dos mil años después.

Esto prueba que muchos de los romanos ya estaban en el límite de su resistencia, y por primera vez en muchos años, dudaban poder sobrevivir. Se pusieron en marcha en medio de la lluvia con las pocas armas arrojadizas que les quedaban, avanzando lentamente en medio del terreno mojado y con las corazas y armas defensivas empapadas y pesando mucho más que lo normal, debido a que muchas de ellas se fabricaban en cuero forrado de algodón.

Al llegar a la colina de Kalkriese las legiones optaron por subir la colina, porque los bárbaros habían derribado gran cantidad de árboles y habían construido una empalizada llena de obstáculos en el camino, que seguramente dividiría más la formación.

Desde la cima comenzaron a caer rocas y jabalinas, pero los romanos avanzaban desesperados, muriendo en el intento. Aún así, lograban avanzar y quizás por la fuerza que da el saber que luchas por tu vida, fueron forzando algunas posiciones germanas. Arminio rápidamente reunió todos los hombres disponibles y los envió a reforzar las sucesivas posiciones germanas que comenzaron a ceder pero no se quebraban y devolvían golpe por golpe. Entre los rugidos de guerra romanos, los pedidos de clemencia romanos desgarradores, los alaridos de dolor, las vociferantes embestidas de gigantes bárbaros rubios con el rostro pintado de rojo que repartían hachazos y tajos de espada, en medio de ese espanto, los ejércitos encontraron un punto donde nadie quería retroceder, porque sabían que el derrotado no sobreviviría.

Las legiones ya totalmente agotadas, diezmadas y acometidas sin pausa, perecían de pie en un gran charco de sangre que se retorcía adolorido y aullante. Los lideres germanos se dieron cuenta que todo el ejército imperial se tambaleaba y lanzaron un contraataque demoledor. Las águilas de los legiones XVIII y XIX, el símbolo mismo del poder militar del pueblo romano, los estandartes de su ejército, fueron capturados después de dar una muerte brutal a los portadores. El águila de la legión XVII desapareció de la historia, algunos dicen que fue también capturada, otros que su portador en el colmo de la pena y el orgullo se arrojó a uno de los pantanos para hundirse con esta.

El fin había llegado. Pero antes de dejarse atrapar y ser asesinados por los bárbaros, muchos romanos prefirieron suicidarse con sus propias espadas, como correspondía a un soldado romano, una muerte con honor, morir junto a sus compañeros.

Ese fue el caso de Varo, que apoyo su espada en el suelo y se dejó caer contra ella. Algunos soldados, en la desesperación, intentaron huir, pero su suerte no fue mejor.

Mientras en la ladera se producía este horror, en el llano, el centurión Ceionius por su parte, esperaba con sus heridos y guardias dentro de la fortificación el desarrollo del combate. Totalmente superado por el furioso ataque germano, y con muchas brechas por las que entraba el enemigo, decidió finalmente rendirse para evitar el degollamiento de los legionarios a su mando.

Pero la rendición no fue aceptada y los romanos fueron masacrados de manera atroz. Algunos sobrevivientes, fueron quemados vivos ofrecidos a los dioses en altares de victoria; a otros los crucificaron, y no faltaron las extracciones de ojos. Caldo Celio se hizo pedazos el cráneo con las mismas cadenas con las que había sido maniatado después de ver el impresionante suplicio de sus compañeros, otros fueron mutilados o decapitados y sus cabezas sirvieron de trofeos.

Pero no todos los soldados romanos fueron ejecutados. Algunas horas después la masacre paró. Los germanos necesitaban también llevar a sus poblados algunos esclavos como muestra de la victoria, aunque también jugaría su papel el agotamiento tras tantos días de batalla, y la borrachera que cogerían en la celebración.

Los datos de la batalla se conocieron gracias al testimonio de un grupo de 120 supervivientes romanos que, dirigidos por el joven oficial Casio Querea, lograron escapar una de las noches, refugiándose en una fortaleza a la orilla del Rin hasta que fueron rescatados por las tropas de socorro mandadas por Tiberio.

Consecuencias de la derrota

Las consecuencias fueron varias y a varios niveles. La primera es la consecuencia militar. En aquel bosque se perdieron 3 legiones completas. De hecho, el shock fue tal que en la historia de Roma, ninguna legión volvió a tener los números XVII, XVIII y XIX. Augusto se vio obligado a enviar a Tiberio al mando de nuevas legiones para consolidar las posiciones en el Rin, por el temor que se difundió a que los germanos se lanzaran sobre la Galia. Este ataque nunca se produjo.

Además, se pudo conservar un saliente de tierra que unía los ríos Rin y Danubio llamado los “Campos Decumanes”. Pero se debió fortalecer esa frontera mediante un sistema de empalizadas y torres de vigilancia, alternados con campamentos legionarios. En esta frontera del Imperio siempre hubo una fuerte presencia militar, que llegó a tener un gran peso en las decisiones políticas que se tomaban en Roma.

Allí, en Roma, la noticia desesperó a Augusto. Pareció incluso volverse loco. Desde entonces cada año en el aniversario de la derrota, dejaba de afeitarse y recorría los pasillos como en trance. El historiador Seutonio describe que: “a menudo se golpeaba la cabeza contra la puerta y gritaba: “Quintili Vare, legiones redde! (Quintilio Varo, devuélveme mis legiones)”.

Una vez consolidada la frontera, llegó la hora de la venganza. El nuevo emperador, Tiberio, envió a su sobrino Julio Cesar Germánico (llamado así por su brillante campaña militar en Germania) al mando de 8 legiones (unos 50.000 hombres). Su misión no era de conquista, sino de castigo. Y de honor. Recuperar las águilas de las legiones perdidas, encontrar el lugar de la batalla y enterrar a los muertos y volver a Roma.

La campaña fue un éxito. Mezclando victorias militares y diplomacia recuperó las águilas de 2 de las legiones.

También llegó al lugar de la batalla. Ese momento debió ser horrible para los romanos. Tácito lo describe en sus anales:

“No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres… En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según los que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificadod a los tribunos y a los primeros centuriones.”

Monumento a Arminio en el bosque de Teotoburgo

Al menos, los romanos pudieron vengar a sus compañeros cuando derrotaron a Arminio y su ejército de bárbaros en la batalla de Idistaviso, aplastando su levantamiento.

Para los germanos, la historia es otra. Lograron expulsaron definitivamente a los romanos de Germania. De hecho nunca se volvió a plantear una operación de conquista allí. Y Arminio fue considerado el héroe nacional alemán por lo que en el año 1838 se erigió una estatua en su nombre, El Hermannsdenkmal, situada al sur del bosque de Teotoburgo, precisamente en el lugar donde la coalicición germana logró aplastar a las legiones romanas.

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