Euno, el rey de los esclavos

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Euno, el rey de los esclavos

Mercado de esclavos, de Gustave Clarence Boulanger.

En el año 136 a.c. una rebelión de esclavos hizo tambalearse la estabilidad de la floreciente República Romana. Su líder era Euno, un esclavo sirio. Si el ejército romano no hubiera actuado con rapidez, la historia de Roma, podría haber sido diferente.

Vista de Cartago con su puerto de guerra

El problema se había generado desde tiempo atrás. En el año 136 a.c., la República Romana estaba en la cima de su poder. En el año 241 a.c., tras el fin de la Primera Guerra Púnica, Roma se hacía con el control de Sicilia y se convertía en la potencia naval hegemónica en el Mediterráneo occidental. A partir de ese momento, los ricos romanos se fueron haciendo con las grandes extensiones de tierra dejadas por sus antiguos dueños cartagineses. Este fue el germen del problema pues los grandes latifundios que se fueron creando se nutrieron de esclavos de numerosas nacionalidades para trabajar esos campos, en unas condiciones paupérrimas.

Además la indemnización a la que fue condenada Cartago tras perder la guerra fue una fuente de ingresos importantes para las finanzas romanas. Unos años después, el poder de Roma parecía no tener límites. Los cartagineses eran derrotados de manera decisiva y definitiva en la Segunda Guerra Púnica en el año 202 a.c., con lo que Roma se hizo con el control de Hispania y aumentó sus ingresos con las minas de plata y las indemnizaciones de guerra. El dinero seguía llegando a expuertas a Roma. Más aún cuando en 169 a.c., Roma derrotaba definitivamente a Macedonia en la Batalla de Pidna en el marco de la 3ª Guerra Macedónica. Los tesoros traídos a Roma tras esa victoria fueron fabulosos hasta el punto de decretar que a partir de ese momento, los ciues romanus optimo iure (los ciudadanos romanos de pleno derecho), dejaban de pagar impuestos.

Esclavos romanos

El empuje de Roma era imparable, pero en su seno, se gestaban las disfuncionalidades. La República Romana se llenaba de esclavos, y éstos se dividían en dos grupos básicamente. Los que eran esclavos y eran tratados como tal, y los que, siendo esclavos, eran médicos, artistas, escritores, etc. Esto era así porque, sobre todo tras la conquista de Grecia, muchos de esos profesionales, fueron llevados como esclavos a Roma, siendo éstos muy cotizados por los romanos ricos como preceptores de sus hijos.

Pero el problema se daba con los esclavos que eran tratados como tales y sobre todo en las explotaciones agrícolas y ganaderas. Era un problema por dos razones. Por un lado para los propios esclavos que sufrían una vida llena de penurias, pero por otro lado para los ciudadanos miembros de la plebe que aguantaban el peso de la expansión romana con la pérdida de vidas en guerra. Muchos varones no volvían del frente y sus familias muchas veces no podían mantener la explotación y debían vender las tierras a los terratenientes. Esto empeoraba su situación, que en muchos casos les abocaban a ir a las ciudades a malvivir como plebe urbana. Se generalizaba el paro y el malestar en las zonas rurales.

Particularmente en Sicilia era acuciante el problema. Tras ganar la Primera Guerra Púnica, los terratenientes fueron adquiriendo todas las tierras que dejaron los cartaginenes, por las buenas o por las malas. Se crearon inmensos latifundios que se llenaron de esclavos, que junto a la población local descontenta, fueron el caldo de cultivo para la rebelión de Euno.

La rebelión de Sicilia fue particularmente delicada para Roma, porque era el gran granero de trigo de Italia.

Euno era un esclavo procedente de Apamea, una ciudad siria. Se cuenta que tragaba fuego por la boca y lo espulsaba, y hacia esto durante las batallas para alentar a sus seguidores. También se cuenta que tenía fama de mago y profeta, y que recibía la visita de la diosa Derceto, una diosa local suya que en roma se asimiló a Demeter. Al estallar la rebelión en 136 a.c., rápidamente se puso al frente de la misma y se convirtió en su líder, sobre todo tras decir que la diosa le había dicho que conquistarían la ciudad de Enna, lo cual lograron.

Euno

Euno participó en la captura de Enna, posicionándose a la cabeza del asedio y expulsando fuego por la boca para alentar a sus soldados. Tras la captura de Enna, Euno fue coronado como rey de los esclavos, adoptando el nombre de Antíoco, que era un nombre típico en la dinastía Seleúcida, gobernante en Siria. A partir de entonces llamaría a sus seguidores, los sirios. Tras la derrota de los esclavos por un ejército romano liderado por Perpenna, Euno, y los miembros de su "corte", se refugiaron en una cueva pero fueron posteriormente capturados.

La mayor parte de lo que se ha escrito sobre Euno y sobre la Primera Guerra Servil procede de los escritos de Diodoro Sículo, en el que se basó Posidonio como su fuente principal. El Epítome sobre el tema de Lucio Anneo Floro contiene extractos de los escritos perdidos de Livio. Tanto Diodoro como Posidonio, a partir de la derrota de los esclavos, son parciales a favor de los romanos. Sin embargo Posidonio, como Euno, era un sirio de Apamea, y por tanto sus escritos sobre el líder de los esclavos pueden ser más imparciales. Además, el conocimiento de Posidonio sobre las divinidades y la religión de Siria hacen sus relatos más ricos en detalles.

Una expedición arqueológica encontró una moneda en Enna con la inscripción "Rey Antíoco". Es bastante probable que dicho Antíoco sea Euno y no alguno de los integrantes de la familia seléucida.

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